viernes, 3 de julio de 2026

La insignificancia de Sara Nataly Monterrosa Varela

Todavía tengo esa pequeña sensación en mi mente de que algo no está bien, vivo mi día a día como siempre, me despierto a las 5 am, voy al trabajo hasta las 4 de la tarde, salgo y voy a la nocturna, luego me desplazo hasta mi pequeño aparta estudio en el centro de la ciudad, como queda cerca del instituto, puedo hacerlo fácilmente caminando, ceno algo ligero mientras veo la televisión hasta quedarme dormida. Repito esa rutina día tras día, pero desde ese suceso tengo la sensación de que hay algo que no está bien, como si algo faltara, no es depresión, créeme, yo sé cómo se siente, esto es una clase de vacío diferente. Es que realmente siento que olvidé algo importante.

Aquel día sonó la alarma, ya estoy acostumbrada a despertarme con facilidad así que me alisté como todos los días, llegué a la cafetería y todo transcurrió con normalidad. Hasta medio día el café estuvo vacío, así que esto es fácil de recordar. Primero entró la chica, según lo que dice el oficial, su nombre es Stefanie. Se sentó en la mesa junto a la ventana. Mi compañera la atendió, así que realmente no sé qué ordeno. Se quedó allí mirando el celular hasta la una de la tarde aproximadamente. Justo antes de que se fuera entró otro cliente, me pidió dos cafés para llevar y cuando se los di tropezó con Stefanie. Le pidió disculpas, la chica se limpió, pagó su cuenta y se fue. El chico salió detrás de ella, intercambiaron un par de palabras, tal vez números telefónicos, y se marcharon en dirección opuesta.

Él pidió dos cafés, le repetí al policía, pero cuando chocó con la chica se le regó uno casi por completo. Me ofrecí a rellenarlo, pero dijo que no y fue tras la muchacha a “excusarse” por su error. La policía no vio nada relevante en mi declaración, simplemente quedó como otro de muchos casos inconclusos, otra chica desaparecida, otro nombre en los titulares.

Pero hoy algo no está bien. Tras muchos meses volví a esa cafetería, ahora como cliente. Disfruté de una taza junto a la ventana y cuando me dispuse a pagar, alguien chocó accidentalmente conmigo. Levanté la vista, llevaba dos cafés en sus manos, se disculpó con una sonrisa y me preguntó si estaba bien. Hoy hay otra chica, otra persona pidiendo dos cafés, tropezando, excusándose, otra chica desaparecida, otro nombre en los titulares, otro culpable y muy tarde volví a pensar que realmente olvidé algo importante.

4 comentarios:

  1. Wow, me tramó un montón, una problemática real que genera incertidumbre en el día a día, y una trama que atrapa. Mi favorito.

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  2. Me sorprendió el final, es aterrador. Felicitaciones por tan buen relato.

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  3. Me encanto la historia, escribes de forma increíble y tiene un giro muy interesante al final, te deja con muy mal cuerpo

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  4. Nena, esto es espectacular. Como el primer dia que lo relataste para mi, mi piel se erizo al leerla, el dejarlo con final abierto permite al lector interpretar la historia de manera individual y generar el complemento lo que es algo maravilloso

    Te felicito ☺️

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