En un mundo que lo presencia todo pero no recuerda nada, los monstruos no son monstruos, porque los héroes lo son. Eso fue lo que gritó Vao antes de perecer.
Vao era una chica común y dudosa de
todo. Vivía en una ciudad que cada vez se hundía más en su desgracia, y esa
ciudad se llamaba Murdor, donde no vivía nadie pero se escuchaban voces; al
menos eso pensaba ella. Murdor era hermosa porque nada en ella era normal:
había animales mutantes parlantes que cuidaban la naturaleza con una devoción
que ningún humano conocía. Todos les temían, pero ellos eran los únicos que
amaban al otro sin condición y no les importaba morir por alguien más. Existían
también las Limpus, un insecto humanoide que velaba por los ciudadanos mientras
dormían. Sin embargo, por cada pensamiento negativo que intentaba corromper a
alguien, una Limpus moría, y nadie podría volver a soñar. Y no hablamos solo de
dormir, sino de SOÑAR. Vao sabía que su ciudad se corrompía por la maldad
maldavestica, así la llamaba ella. Las personas en el poder creían ser los
dioses de la ciudad y afirmaban que todo lo malo que hacían era necesario para
el bien mayor. Pero no era así: solo pensaban en sí mismos. Cazaban a los
Brimbis, animales mutantes parlantes, sabiéndolo importante que s. Los
ciudadanos, por su parte, nunca cuestionaban nada; solo repetían lo que otros
decían y replicaban cualquier acción ajena. Quisiera decir que había más
personas como Vao intentando salvar a los Limpus y a los Brimbis, pero no las
había. Nunca se le ocurrió una manera de cambiar la forma de pensar de los
demás, hasta el 6 de diciembre de 1928, cuando creyó haber encontrado la única
solución. Con ayuda de los Limpus, alterar los sueños parecía lo correcto: así,
salvaría a todo ser que no tenía voz pero sí sentía, de los monstruos con capa
de héroe.
Se puso en marcha: una Limpus por
persona debía hacer que soñaran y añoraran los días de tranquilidad, cuando
todos convivían sin esconderse. Y sí, eso soñaron. Sin embargo, no salió como
esperaba. Todos extrañaban aquellos tiempos, pero no querían volver porque creían
tener poder para mover gente y cosas a su antojo. Los sueños se salieron de
control: todos sentían envidia y peleaban por sus riquezas. Groko, el líder de
los llamados héroes, había advertido que Vao estaba confabulada con seres
monstruosos y que en la noche les arrebataría su poder. Todos la atraparon con
una sola intención: asesinarla de la manera más atroz posible. Vao lo intentó
con todo lo que tenía. Murió entre los mismos descerebrados que creyó poder
despertar, la ciudad siguió hundiéndose y solo quedo el silencio de quienes no
escucharon. O eso pensábamos.
Me encanto, el relato cuenta como el poder pueden convertir a quienes se consideran héroes en unos monstruos.
ResponderEliminarMe gusta mucho el mundo fantástico que crea con los Brimbis y los Limpus, también me gusta el final trágico y deja una reflexión sobre las consecuencias de intentar cambiar a quienes no desean hacerlo.
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